sábado, 24 de septiembre de 2011
Lady de Campeche
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Les Chats- Desesperado (oficial)
domingo, 18 de septiembre de 2011
Me pongo las pilas!
miércoles, 14 de septiembre de 2011
El sangrón
Pido disculpas por ir a un posgrado y no pasar tareas, no copiarme en exámenes y no sacar acordeón en exámenes finales (por considerarlo ridículo a ese nivel). No es mi intención preparar bien mis temas y hacer ver sus exposiciones como de secundaria. Disculpas por ir a clases y no reunirme en pasillos a hacer una guerra de albures con todos los compañeros.
Mis más profundas disculpas si mi paciencia al tratar con personas es muy limitada, pero no estoy acostumbrado repetir las mismas instrucciones más de tres veces al día. De verdad, me siento mal por tener pocos amigos y no ser muy popular en redes sociales. Lo siento por tomar decisiones personales que a la mayoría le parezcan raras o no seguir estructuras sociales. Perdón por no seguir lo que la sociedad dicta, como casarme el año en que termino la licenciatura o endeudarme para verme “In”. Siento mucho considerar Rápido y Furioso 5, Transformers y Capitán América como bodríos cinematográficos y herir sus sentimientos. Por último mi más sincera disculpa porque me irrita ver que escriban azi komo loz ChAvOzz de oi, a pesar de estar en la mediana edad y con “estudios”.
De verdad, así soy yo, así me siento a toda madre, y muy bien con las personas que estimo y quiero. Si a pesar de eso, les parezco sangrón o mamón, bienvenido, pues ya me imagino qué tipo de personas son.
A mí nada más avísenme a dónde van: al cielo o al infierno, prefiero estar en cualquiera de esos dos lugares con tal de sentirme a gusto.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Vansen Tiger: El armario de los misterios secretos prohibidos... ¡Cuidado!

miércoles, 7 de septiembre de 2011
La número dos
Máster Inc: Caso de la Vida Real
-La nota habla de que un corto circuito en la cocina había causado un incendio considerable en una gran sección de la casa de Benjamín ¡hasta la foto sale del pobre Benjamín!- Me decía preocupado José. Le hice ver que no sabía nada y no había leído el periódico.
-Checa la versión electrónica, allá sale todo, en tribunacampeche.com.mx- Comentaba José.
-Pásame el link- Le comenté.
-Allá en tribuna, chécalo, me insistía, busca la sección policiaca, allá enseguida lo buscas. Me insistía José. Un compañero de Clases que se desempeñaba como subdirector de Recursos Humanos de una dependencia Estatal en sus 30 años de edad.
Entré a la página arcaica de Tribuna, y como suele suceder, estaba todo desordenado. Le das click en policía y abre noticias viejas, o abre las primeras cinco y resulta ser que son 3, le das mostrar las primeras 10 y muestra todas, entre otras fatalidades. Nunca pude dar con la noticia de la casa quemada de Benjamín.
-Oye José, pásame el link, no lo encuentro, es decir la liga exacta de dónde se encuentra la noticia, pásamelo por Messenger- Le comenté decidido a terminar el jueguito de buscar la noticia, a pesar de las insistencias de José de que encuentre por mis propios méritos la nota perdida en la web de Tribuna.
-¿Quieres que te pase el link completo? No manches, cómo se te ocurre, está muy largo y tiene muchas letras, números y símbolos raros, ni modos que te copie carácter por carácter- Me remata indignado.
¡Carajos! Por qué me pasa esto. ¿Qué hice en mis vidas pasadas para merecer lidiar con estas cosas? ¿Un comandante Nazi? ¿Un dictador? ¿El juez de la santa inquisición?.He de confesar que solté unas carcajadas al aire, so pena de que media oficina me miraba como un loco.
-José, dale al click a la barra de direcciones, se seleccionará solito en azul. Le das click con el derecho, le das copiar, y luego lo pegas en esta conversación del Messenger- Finalicé mi lección.
-No mames, no sabía eso, cuanta tecnología hoy en día- Me escribió admirado el buen intencionado José, dejándome sorprendido de cómo alguien a sus 30 años puede desconocer cosas que doy por hecho que todo el mundo sabe.
Luego me preguntan que por qué prefiero hacer mis tareas individuales
jueves, 1 de septiembre de 2011
Guía para ser Hipster
1. Música independiente. No importa que no sepas definir qué es la música independiente. Lo mejor es conseguir música de bandas desconocidas, nuevas, no importa que toquen horrible. Se recomienda que sean bandas nacionales. La idea es escuchar lo que nadie conoce (aunque en el fondo te contoneas con la música de wisin y yandel y shakira).
2. La Lectura obligada: Empieza a cargar libros para todos lados, no importa que apenas sepas leer y escribir, o que medio hables el español. Es importante que los libros se asomen por tu mochila inseparable. Entre autores más extraños sean los autores más fuerte será el impacto de intelectual. Por nada del mundo deberás leer best seller, premios nobel de literatura o autores populares.
3. Cine: Un buen Hipster debe ser un conocedor de películas. Visita la sección de arte de Blockbuster, y pote a verlas aunque te aburran. Posteriormente descarga todas las películas ganadoras y nominadas del festival de canes.
4. Socialité: Los Hipster andan en manadas selectivas. Reúnete con tus amiguitos seudo Hipster en cafés: Starbucks es el ungido por los dioses. Pónganse a hablar en voz alta de cine, música, y a criticar las mentes inferiores.
5. Ropa: Ponte tu misma ropa fea y vieja de siempre. Este es el punto más fácil, pues eso ya lo tienes.
6. Di que eres Hipster en cualquier momento que tengas oportunidad y crítica a los que no están en tu onda diciéndoles: Mainstream (los borregos mayoritarios).
Listo, ya eres todo un Hipster, aunque no tengas dinero ni para ir al cine, o al café, no sepas definir de qué se trata y no tengas identidad propia.
martes, 30 de agosto de 2011
Danger Mouse & Daniele Luppi presenta: ROME
jueves, 25 de agosto de 2011
Lunes, noviembre 15, 2010
Entubada, con la piel amarillenta y los labios contraídos a causa de una enfermedad terminal, mi abuela todavía tuvo los ánimos de organizar a la gente que rodeaba su cama para cantarme Las Mañanitas, hace un par de semanas. Es el mejor regalo que he recibido en 34 años de vida, a pesar que de niño hacía berrinche y lloraba cuando me las cantaban.
Volví a visitar a mi abuela tres días después. El color de su piel me impactó. Parecía un personaje sacado de las caricaturas de Los Simpson. La besé –olía a sus cremas para la cara- y le tomé la mano –la tenía fría-. Me dijo que ya no querían darle comida china ni camarones de Don Leo, que pura papaya licuada. Ahorita mismo los regaño y te traigo tu cóctel, le dije sonriendo, ante la mirada compasiva de una enfermera y una tía.
Ya me duele mucho mi panza, mijito… se me hace que no llego a mañana. Pensé que con sus palabras se me helaría la sangre, pero no. No supe qué decirle. Me quedé callado. Sólo sonreí y le acaricié el cabello. ¿Qué puede decir un ateo en esas situaciones? Un ateo que la disfrutó 34 años.
Mi tía y la enfermera se le acercaron y le dijeron que no pensara eso, que se iba a poner bien, que le echara ganas, que se pusiera en manos de Dios, que el cuadro del Sagrado Corazón colgado en la pared siempre la había cuidado. No sé si su intención era mentirle o mentirse ellas mismas, contagiadas por las mentiras que hemos escuchado toda la vida y nos enseñan a repetir como cotorritos amaestrados. Cuando mi tía y la enfermera salieron de la habitación, mi abuela me miró como si supiera algo que nadie más sabía. Se le veía en los ojos. Fue como si acabaran de revelarle un secreto que los demás sólo conoceremos cuando lleguemos a ese momento.
Que sea la voluntad de Dios, ¿verdad mijito?, dijo con un suspiro ahogado. Así va a ser, abuelita, le respondí haciendo a un lado mi ateísmo.
Cinco días después, mi abuela murió. Llegué justo cuando dejó de respirar, después de recibir una llamada desesperada de mi madre. No quise hacer bulto en el cuarto, donde había varios familiares histéricos, hablándole y queriéndola arrebatar de lo inevitable. La tocaban, la movían, decían que todavía tenía pulso, que sentían que respiraba, que aún los escuchaba. La enfermera hacía su trabajo y les seguía la corriente, como queriendo alargarles la ilusión de la vida. ¿Qué diferencia hay entre un cuerpo vegetativo y consciente a uno muerto? Las personas no saben de calidad de vida, pero la pregonan cada que pueden y no respetan a quien ya la ha perdido.
La gente enloquece un poco cuando muere un ser amado. Mis tías veían ángeles en el cuarto, había comadres que rezaban y lloraban y se arrodillaban en el piso, primas que se aventaban al cuerpo inerte para abrazarlo y decirle que no se fuera, vecinas que veían escarcha dorada sobre su piel, como si la virgen de no sé dónde la hubiera tocado. Todo mundo le buscaba el lado mágico a la muerte, el aspecto sobrenatural a la garantía más natural de la vida. Yo, me limité a recargarme en el marco de la puerta de la habitación, a contemplar la escena. Desde ahí, mi abuela me pareció la muerta más hermosa del mundo.
Pensé mucho ese día, antes de que se llevaran su cuerpo, y también los días siguientes. Sobre todo en la misa, oyendo las pendejadas que decía el padre. Ni siquiera la conocía y se sentía con derecho a hablar de ella. Dijo que tena 13 hijos, cuando tuvo 11; se refirió a ella como la señora Leticia, no Alma. Nadie le decía Leticia a mi abuelita. Ni eso pudo hacer bien el pendejo, y hasta cobró el muy cabrón por frases tan trilladas como: "guerrera incansable", "madre ejemplar", "flor que con su perfume lo impregnaba todo", "Dios la necesitaba en sus filas", "ya está descansando"... eso todos los sabemos, imbécil. Es increíble que un emisario de alguien supuestamente celestial no tenga la capacidad para decir cosas bellas por un semejante. Al igual que tanta gente. Muertos en vida que siguen un formato.
Obviamente, las tías que vieron ángeles, las comadres que rezaron y las vecinas que vieron escarcha dorada sobre su rostro, dijeron que la misa había estado hermosa y que el padre había hablado divino, y empezó de nuevo la competencia por ver quién lloraba más, porque, para muchos, quien más llora es quien más la quería.
Y todo hizo click. O corto circuito. En el cerebro y en el alma, o lo que sea que tenemos adentro. Varias noches se me fue el sueño. Agarraba un libro pero me ganaban las ganas de pensar. Abro los ojos y paso de los 34; mañana los abro y tengo lo doble. Si acaso los abro. Siempre supe lo anterior. Es un razonamiento sencillo, lógico, pero nunca lo sentí tan profundo. Derramé pocas lágrimas en la iglesia –algunas por las pendejadas que decía el padrecito- y estando a solas, en la penumbra de mi cuarto. Lloré más por lo que significa la vida que por perder a alguien que nunca sentí que perdí a pesar de su ausencia. Comprendí que la vida es memoria. A eso se resume todo. Tengo treinta y tantos años de recuerdos con mi abuela. Un tesoro. Compadecí a quienes no tienen desarrollada esa capacidad y a quienes no han tenido tanto tiempo una abuela. Comprendí que la vida no es esto en sí. Esto que está aquí. Y me dio coraje. También me dio risa que tantos presuman estar vivos. Que tantos vivan sin vivir. Y que yo tenga que vivir junto a ellos. La vida es sentir, no respirar; inspirar, no pasar inadvertido. Reafirmé mi postura a no estar donde no quiero estar, a no hacer lo que no quiero hacer, a creer lo que creo, a decir lo que pienso y siento como lo pienso y lo siento; a no perder mi tiempo ni en cosas ni en gente ni en emociones que no me dejan nada en el pecho –donde a veces sentimos miles de alas de mariposas- ni en la memoria. Lloré porque me di cuenta de muchas cosas que antes no veía. Del tiempo que sentí perdido y nunca lo fue, pero me hicieron creer que lo era. También del tiempo que posiblemente me quede por vivir y no quiero perder. Me di cuenta de todas las cosas que no hice por falta de dinero, de pantalones, de acompañante o de tiempo… y ahora me doy cuenta que no se necesitaba ni tanto dinero ni tantos pantalones ni acompañante ni tiempo. Sólo tomar una decisión. Seguir una corazonada. Conocerme a mí mismo. A fondo. Y dejar que las cosas fluyeran.
Antes fingía un poco -lo confieso- que nada me importaba. Ahora en realidad nada me importa. Y no lo digo porque todo para mí haya perdido su valor, sino porque ahora he encontrado su valor verdadero. Gracias a mi abuela y a su ausencia física.
En el refri aún tengo dos bolsas con habas y lentejas congeladas. Las últimas que preparó, pero no he querido comérmelas. No sé qué estoy esperando.
La gente enloquece un poco cuando muere un ser amado.
De la pluma de Guffo Caballero. Tomado de: http://guffo.blogspot.com/
martes, 23 de agosto de 2011
Reseña: The Adjustment Bureau
Petardos 3 de 5
viernes, 19 de agosto de 2011
La Cultura en Campeche
El 70 por ciento de la población campechana nunca ha asistido a una presentación de danza profesional.
Me imagino que el 30% de la población que si ha ido son los familiares de las alumnas de las escuelas de danza, Ana Pavlova, Ana rosa Cáceres, Diana Presuel, entre otras. Fuera de eso no existe nada, a nadie le interesa. Resulta lógico si consideramos que sólo en la ciudad de Campeche y Carmen hay escuelas de danza.
El 93 por ciento de las personas no ha tenido la oportunidad de disfrutar un concierto de música sinfónica.
¿Música sinfónica? ¿Qué es eso? Pero eso sí, que nos sea reggaetón y traigan a tito el bambino, daddy yankee y los indicadores cambiarían sin duda. No importa que cada domingo la orquesta del Estado toqué gratis en el Juan de la Cabada. Nunca se llena. Lo más cercano a la música sinfónica es cuando viene Fernando de la Mora o cualquier tenor al concierto navideño.
El 71 por ciento no ha visto una obra de teatro.
Tengo amigos actores, directores y productores de teatro. No importa que monten de manera independiente una obra de calidad. La taquilla apenas recupera los costos. Incluso he invitado a amigos y familiares al teatro (por 50 pesitos) pero está mejor un partido de futbol de México vs San Vicente y las Granadinas sub 22. El 29% que sí asiste debe corresponder al festival de Teatro, me consta que se llena, y al teatro comercial que traen la tomata y la perejila, Consuelo Duval y cualquier teatro de Televisa.
El 55 por ciento de los campechanos no ha visitado nunca un museo.
Yo sí he ido, al menos por alguna ocasión. Me declaro ignorante de la materia pero a mi juicio son escasos. En medio día se recorren todos en la Ciudad.
El 35 por ciento nunca ha ido a una zona arqueológica.
El 91 por ciento no ha visitado una exposición de artes plásticas.
Fotografía, pintura, dibujo, grabado, escultura, no existe en el Estado. Las pocas exposiciones que hay, de autores locales o nacionales, lucen desiertas. Es más, vayan de día, porque de noche puede que los asusten un fantasma por allá.
El 6.4 por ciento de los campechanos estudia o practica con regularidad alguna actividad artística.
Esta es el porcentaje más bajo en toda la República. Aquí no se vive del arte. Nadie paga por ello, y si lo hacen es una vergüenza. Existe fuga de talentos o, peor aún, jóvenes talentosos desperdiciados porque no se puede vivir decentemente de esto.
Un panorama de miedo. Las cifras son frías. ¿A qué se debe? No tengo la respuesta exacta, pero es una suma de factores. Según la misma encuesta no es cuestión de costos porque Campeche está a la cabeza en cuanto a gratuidad de los servicios culturales. Otro problema es la centralización de eventos en la capital. En las cabeceras municipales el panorama es aterrador.
Los dejo, ya va empezar mi novela de las 7.
Más cifras dar click aquí.
domingo, 14 de agosto de 2011
Sabores de mi tierra vecina
martes, 9 de agosto de 2011
Reseña: Super 8








