martes, 30 de agosto de 2011
Danger Mouse & Daniele Luppi presenta: ROME
jueves, 25 de agosto de 2011
Lunes, noviembre 15, 2010
Entubada, con la piel amarillenta y los labios contraídos a causa de una enfermedad terminal, mi abuela todavía tuvo los ánimos de organizar a la gente que rodeaba su cama para cantarme Las Mañanitas, hace un par de semanas. Es el mejor regalo que he recibido en 34 años de vida, a pesar que de niño hacía berrinche y lloraba cuando me las cantaban.
Volví a visitar a mi abuela tres días después. El color de su piel me impactó. Parecía un personaje sacado de las caricaturas de Los Simpson. La besé –olía a sus cremas para la cara- y le tomé la mano –la tenía fría-. Me dijo que ya no querían darle comida china ni camarones de Don Leo, que pura papaya licuada. Ahorita mismo los regaño y te traigo tu cóctel, le dije sonriendo, ante la mirada compasiva de una enfermera y una tía.
Ya me duele mucho mi panza, mijito… se me hace que no llego a mañana. Pensé que con sus palabras se me helaría la sangre, pero no. No supe qué decirle. Me quedé callado. Sólo sonreí y le acaricié el cabello. ¿Qué puede decir un ateo en esas situaciones? Un ateo que la disfrutó 34 años.
Mi tía y la enfermera se le acercaron y le dijeron que no pensara eso, que se iba a poner bien, que le echara ganas, que se pusiera en manos de Dios, que el cuadro del Sagrado Corazón colgado en la pared siempre la había cuidado. No sé si su intención era mentirle o mentirse ellas mismas, contagiadas por las mentiras que hemos escuchado toda la vida y nos enseñan a repetir como cotorritos amaestrados. Cuando mi tía y la enfermera salieron de la habitación, mi abuela me miró como si supiera algo que nadie más sabía. Se le veía en los ojos. Fue como si acabaran de revelarle un secreto que los demás sólo conoceremos cuando lleguemos a ese momento.
Que sea la voluntad de Dios, ¿verdad mijito?, dijo con un suspiro ahogado. Así va a ser, abuelita, le respondí haciendo a un lado mi ateísmo.
Cinco días después, mi abuela murió. Llegué justo cuando dejó de respirar, después de recibir una llamada desesperada de mi madre. No quise hacer bulto en el cuarto, donde había varios familiares histéricos, hablándole y queriéndola arrebatar de lo inevitable. La tocaban, la movían, decían que todavía tenía pulso, que sentían que respiraba, que aún los escuchaba. La enfermera hacía su trabajo y les seguía la corriente, como queriendo alargarles la ilusión de la vida. ¿Qué diferencia hay entre un cuerpo vegetativo y consciente a uno muerto? Las personas no saben de calidad de vida, pero la pregonan cada que pueden y no respetan a quien ya la ha perdido.
La gente enloquece un poco cuando muere un ser amado. Mis tías veían ángeles en el cuarto, había comadres que rezaban y lloraban y se arrodillaban en el piso, primas que se aventaban al cuerpo inerte para abrazarlo y decirle que no se fuera, vecinas que veían escarcha dorada sobre su piel, como si la virgen de no sé dónde la hubiera tocado. Todo mundo le buscaba el lado mágico a la muerte, el aspecto sobrenatural a la garantía más natural de la vida. Yo, me limité a recargarme en el marco de la puerta de la habitación, a contemplar la escena. Desde ahí, mi abuela me pareció la muerta más hermosa del mundo.
Pensé mucho ese día, antes de que se llevaran su cuerpo, y también los días siguientes. Sobre todo en la misa, oyendo las pendejadas que decía el padre. Ni siquiera la conocía y se sentía con derecho a hablar de ella. Dijo que tena 13 hijos, cuando tuvo 11; se refirió a ella como la señora Leticia, no Alma. Nadie le decía Leticia a mi abuelita. Ni eso pudo hacer bien el pendejo, y hasta cobró el muy cabrón por frases tan trilladas como: "guerrera incansable", "madre ejemplar", "flor que con su perfume lo impregnaba todo", "Dios la necesitaba en sus filas", "ya está descansando"... eso todos los sabemos, imbécil. Es increíble que un emisario de alguien supuestamente celestial no tenga la capacidad para decir cosas bellas por un semejante. Al igual que tanta gente. Muertos en vida que siguen un formato.
Obviamente, las tías que vieron ángeles, las comadres que rezaron y las vecinas que vieron escarcha dorada sobre su rostro, dijeron que la misa había estado hermosa y que el padre había hablado divino, y empezó de nuevo la competencia por ver quién lloraba más, porque, para muchos, quien más llora es quien más la quería.
Y todo hizo click. O corto circuito. En el cerebro y en el alma, o lo que sea que tenemos adentro. Varias noches se me fue el sueño. Agarraba un libro pero me ganaban las ganas de pensar. Abro los ojos y paso de los 34; mañana los abro y tengo lo doble. Si acaso los abro. Siempre supe lo anterior. Es un razonamiento sencillo, lógico, pero nunca lo sentí tan profundo. Derramé pocas lágrimas en la iglesia –algunas por las pendejadas que decía el padrecito- y estando a solas, en la penumbra de mi cuarto. Lloré más por lo que significa la vida que por perder a alguien que nunca sentí que perdí a pesar de su ausencia. Comprendí que la vida es memoria. A eso se resume todo. Tengo treinta y tantos años de recuerdos con mi abuela. Un tesoro. Compadecí a quienes no tienen desarrollada esa capacidad y a quienes no han tenido tanto tiempo una abuela. Comprendí que la vida no es esto en sí. Esto que está aquí. Y me dio coraje. También me dio risa que tantos presuman estar vivos. Que tantos vivan sin vivir. Y que yo tenga que vivir junto a ellos. La vida es sentir, no respirar; inspirar, no pasar inadvertido. Reafirmé mi postura a no estar donde no quiero estar, a no hacer lo que no quiero hacer, a creer lo que creo, a decir lo que pienso y siento como lo pienso y lo siento; a no perder mi tiempo ni en cosas ni en gente ni en emociones que no me dejan nada en el pecho –donde a veces sentimos miles de alas de mariposas- ni en la memoria. Lloré porque me di cuenta de muchas cosas que antes no veía. Del tiempo que sentí perdido y nunca lo fue, pero me hicieron creer que lo era. También del tiempo que posiblemente me quede por vivir y no quiero perder. Me di cuenta de todas las cosas que no hice por falta de dinero, de pantalones, de acompañante o de tiempo… y ahora me doy cuenta que no se necesitaba ni tanto dinero ni tantos pantalones ni acompañante ni tiempo. Sólo tomar una decisión. Seguir una corazonada. Conocerme a mí mismo. A fondo. Y dejar que las cosas fluyeran.
Antes fingía un poco -lo confieso- que nada me importaba. Ahora en realidad nada me importa. Y no lo digo porque todo para mí haya perdido su valor, sino porque ahora he encontrado su valor verdadero. Gracias a mi abuela y a su ausencia física.
En el refri aún tengo dos bolsas con habas y lentejas congeladas. Las últimas que preparó, pero no he querido comérmelas. No sé qué estoy esperando.
La gente enloquece un poco cuando muere un ser amado.
De la pluma de Guffo Caballero. Tomado de: http://guffo.blogspot.com/
martes, 23 de agosto de 2011
Reseña: The Adjustment Bureau
Petardos 3 de 5
viernes, 19 de agosto de 2011
La Cultura en Campeche
El 70 por ciento de la población campechana nunca ha asistido a una presentación de danza profesional.
Me imagino que el 30% de la población que si ha ido son los familiares de las alumnas de las escuelas de danza, Ana Pavlova, Ana rosa Cáceres, Diana Presuel, entre otras. Fuera de eso no existe nada, a nadie le interesa. Resulta lógico si consideramos que sólo en la ciudad de Campeche y Carmen hay escuelas de danza.
El 93 por ciento de las personas no ha tenido la oportunidad de disfrutar un concierto de música sinfónica.
¿Música sinfónica? ¿Qué es eso? Pero eso sí, que nos sea reggaetón y traigan a tito el bambino, daddy yankee y los indicadores cambiarían sin duda. No importa que cada domingo la orquesta del Estado toqué gratis en el Juan de la Cabada. Nunca se llena. Lo más cercano a la música sinfónica es cuando viene Fernando de la Mora o cualquier tenor al concierto navideño.
El 71 por ciento no ha visto una obra de teatro.
Tengo amigos actores, directores y productores de teatro. No importa que monten de manera independiente una obra de calidad. La taquilla apenas recupera los costos. Incluso he invitado a amigos y familiares al teatro (por 50 pesitos) pero está mejor un partido de futbol de México vs San Vicente y las Granadinas sub 22. El 29% que sí asiste debe corresponder al festival de Teatro, me consta que se llena, y al teatro comercial que traen la tomata y la perejila, Consuelo Duval y cualquier teatro de Televisa.
El 55 por ciento de los campechanos no ha visitado nunca un museo.
Yo sí he ido, al menos por alguna ocasión. Me declaro ignorante de la materia pero a mi juicio son escasos. En medio día se recorren todos en la Ciudad.
El 35 por ciento nunca ha ido a una zona arqueológica.
El 91 por ciento no ha visitado una exposición de artes plásticas.
Fotografía, pintura, dibujo, grabado, escultura, no existe en el Estado. Las pocas exposiciones que hay, de autores locales o nacionales, lucen desiertas. Es más, vayan de día, porque de noche puede que los asusten un fantasma por allá.
El 6.4 por ciento de los campechanos estudia o practica con regularidad alguna actividad artística.
Esta es el porcentaje más bajo en toda la República. Aquí no se vive del arte. Nadie paga por ello, y si lo hacen es una vergüenza. Existe fuga de talentos o, peor aún, jóvenes talentosos desperdiciados porque no se puede vivir decentemente de esto.
Un panorama de miedo. Las cifras son frías. ¿A qué se debe? No tengo la respuesta exacta, pero es una suma de factores. Según la misma encuesta no es cuestión de costos porque Campeche está a la cabeza en cuanto a gratuidad de los servicios culturales. Otro problema es la centralización de eventos en la capital. En las cabeceras municipales el panorama es aterrador.
Los dejo, ya va empezar mi novela de las 7.
Más cifras dar click aquí.
domingo, 14 de agosto de 2011
Sabores de mi tierra vecina
martes, 9 de agosto de 2011
Reseña: Super 8
jueves, 4 de agosto de 2011
Cortos animados de ayer y hoy
domingo, 31 de julio de 2011
La mejor religión del mundo

jueves, 28 de julio de 2011
Reseña: 8 minutos antes de morir (Source Code)
lunes, 25 de julio de 2011
Juego Terminado

- Perder la virginidad
- Ver a una stripper (como mínimo)
- Ir a un concierto masivo
- Salir con un amor cibernético
- Trabajar como botarga de fiestas o eventos
- Jugar poker toda la noche y no irte a tu casa hasta que hayas perdido
- Probar el alcohol y/o las drogas sin caer en excesos ni dependencias
- Poner un departamento con tus amigos
- Ser detenido por la policía
domingo, 24 de julio de 2011
El orgullo excesivo
martes, 19 de julio de 2011
Foo Figthers: Wasting Light
miércoles, 13 de julio de 2011
Nanotecnología contra bacterias y sus beneficios para Internet

De acuerdo con un artículo publicado en la nueva edición de la revista Nature Chemistry, las nanopartículas se ven atraídas físicamente hacia las células infectadas como si éstas fuesen un imán, lo que significa que pueden erradicar las bacterias sin destruir las células sanas.

También actúan de una manera diferente a los antibióticos tradicionales, ya que han sido diseñadas por los investigadores para atravesar las membranas y las paredes de las células bacterianas, lo que se espera que evite que las bacterias desarrollen resistencia a los medicamentos. hasta ahora se ha señalado que aun se encuentran en etapas de experimentacion pero todos los resultados han sido excelentes y prometedores.

Aplicado a los sistemas de comunicaciones de fibra óptica, este material puede elevar hasta 100 veces las más rápidas velocidades actuales de conexión a Internet, lo que significa una reactividad a las señales emitidas del orden de picosegundos (1 picosegundo = 1 x 10 -12 segundos).
La combinación de los descubrimientos combinados de las universidades de Toronto y Carleton ha permitido así una aproximación sin precedentes a los límites teóricos de la mecánica cuántica.
martes, 12 de julio de 2011
Twitter adictos
lunes, 11 de julio de 2011
La mediocridad de la clase media
De entrada quitemos de este ejercicio a la pobreza extrema, esos 30 ó 40 millones de mexicanos no juegan en este ejercicio. Vivir sin tener qué comer cada día, o morir literalmente de hambre tirado en el lodo siendo indigente está muy, pero muy cabrón.
Los pobres, que no caen en pobreza extrema y tienen un modo honesto de vivir, viven en un estado de comodidad. El status quo, es decir, la línea de comodidad adquirida por las personas está muy marcada. Aquí no importa el auto o la marca de zapatos de las personas. Las aspiraciones de los hijos es aprender un oficio para vivir de la única manera que conocen. Las hijas aspiran a casarse lo más pronto posible y ser buenas ama de casa. Las diversiones aquí son sencillas: un baile popular en el barrio, un domingo de fut bol con el cartón de chelas incluido, ir a jugar maquinitas en la tienda, entre otros.
Las dos clases antes descritas tienen definido tu status y su lugar en la vida. Ahora volvamos al punto ¿porqué la clase media vive en un conflicto de identidad? Precisamente porque no tiene definido su nivel de vida. La clase media lucha eternamente por pertenecer a una clase social alta y por no ser considerados pobres. Es decir, se tiene contacto con algunos compañeros de escuela o de trabajo que de la clase social alta, de tal forma que queremos imitar su estilo de vida: vestimenta, autos, vacaciones, etc. Han probado algo de lo “bueno” y no pueden mantenerlo. El conflicto emocional de rechazo y su dificultad de pertenencia logran niveles de stress fuera de lo normal. Es la única clase social en dónde importa el qué dirán y se vive de las apariencias.
De dos cosas sí estoy seguro. Primero, todos los argumentos antes descritos tienen mucha razón. Segundo, las clases sociales, la pertenencia, la marca, el status, es algo que a mí me viene importando poco.











